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Cartel de Parada 4 Línea Rally: Las mundialistas, dos caminos y un mismo Mundial

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Resumen

La cuarta parada de Línea Rally rompe a propósito con el formato de las tres anteriores. Donde la Parada 2 y la Parada 3 eran reglamento y metodología explicados desde la tarima, esta es una entrevista: Ricardo Romero conduce y las invitadas son Estefanía «Fanny» Pérez con Swat y Alba Villacrosa con Rei, las dos representantes del Team Spain camino del Mundial FCI de Rally Obediencia 2026. Se grabó a quince días de viajar a Aarhus, y su tesis está enunciada en el primer minuto: de un Mundial se ve una foto, un puesto y una bandera, y no se ve nada de lo que hay detrás.

Lo que hay detrás son dos caminos que no se parecen en nada. Alba entró en el rally porque un día, paseando, una señora le habló de un club, y ese club daba rally; empezó como una alumna más, sin grupo, con un border difícil al que el deporte acabó ayudando más fuera de pista que dentro. Fanny llegó por la camada de Swat después de veintiún años compitiendo en agility: vio vídeos durante años y no pisó una pista hasta un entrenamiento de invierno en Antequera, en diciembre de 2024. Primer open en diciembre, Copa selectiva en mayo, Mundial en septiembre. Ella misma insiste en que esa velocidad no es lo normal y que solo se explica por el bagaje deportivo previo. Que la primera mundialista salga de un grupo de obediencia y la segunda de una profesional del comportamiento canino no es una anécdota: es el mejor argumento que tiene la disciplina para captar gente.

De ahí sale la primera idea incómoda de la charla, que la progresión no es lineal. Debutante y Grado 1 son muy accesibles, y eso es lo mejor del rally, porque permite competir pronto y no pierde por el camino a quien otras disciplinas obligan a esperar dos o tres años. Pero al entrar en Grado 2 y Grado 3 aparece un escalón muy pronunciado —Fanny lo llama «la cara oscura» de ser tan accesible— donde lo que servía al principio, guiar con comida y apoyarse en ayudas, deja de servir y hay que cambiar la forma de trabajar por completo. Avisar de ese escalón desde el primer día es labor de todos, porque saber dónde está cambia radicalmente cómo entrena la gente desde el inicio. Con un matiz que Ricardo enlaza con su frase de referencia, que no hay que buscar tantos competidores como participantes: competir no es obligatorio.

El bloque más denso es el de entrenamiento, y gira alrededor de lo que se transfiere entre disciplinas. Las dos vienen de otro deporte, las dos lo siguen practicando y en un punto coinciden sin dudarlo: el junto por los dos lados desde el minuto uno. La razón principal es la salud del perro, porque trabajar siempre el mismo lado es machacón; la segunda es el guía, que si solo ha trabajado por la izquierda se vuelve torpe por la derecha. Traspasar el junto, además, cuesta menos de lo que parece. Sobre la discriminación entre deportes, la conclusión tranquiliza: el perro discrimina por contexto, no por comando, y el propio calentamiento funciona como discriminativo espontáneo. Del agility viene la idea que más rendimiento tiene fuera de él, que lo que hay que hacer a mucha velocidad no se puede enseñar a mucha velocidad, y por eso la técnica se construye en baja motivación. El rally devuelve el favor con trabajo en corto y comunicación muy directa.

La parte de competición vuelve a Prádena, en Segovia, donde se jugó la Copa de España selectiva de mayo: un día de muchísimo viento, con las bandas del ring golpeando sin parar, Grado 3 a primerísima hora y las dos habiendo dormido poco. Swat es sensible a ese tipo de ruido y Rei es directamente miedoso con el viento. Los fallos fueron microsegundos de desconexión —dos señales completas perdidas en un caso, diez puntos por no ver un sentado en el otro— y ninguna de las dos se los atribuye al perro. De ahí sale el mejor consejo de toda la charla, que las dos dan por separado y prácticamente con las mismas palabras: cuando estás compitiendo no debes estar pensando en la competición. Tu trabajo en pista es facilitarle al perro el suyo, y salir rápido del error no es carácter sino una habilidad que se entrena y se protocoliza, porque un error no reconducido arrastra al siguiente.

Sobre la recta final hacia el Mundial, el criterio es el mismo por los dos lados: cerca de la competición se gana muy poco y se puede perder mucho, lo que ya no lleves hecho no lo vas a hacer, y llegar con buen balance importa más que llegar perfecto. La presión de representar a España se coge justo antes de entrar y se deja al salir del ring; para el perro es un día más, con unas señales, en un sitio distinto.

La última parte se dirige al extremo opuesto del camino, a quien está aprendiendo su primera señal o ni siquiera eso. El consejo es no pensarlo tanto y probarlo, con los grupos de trabajo de la Real Sociedad Canina como punto de entrada, y con un inciso firme: hay que construir desde la base, o se levanta un castillo de naipes. Alba reconoce haber cometido todos los errores del principiante, y de las bases solo te convences cuando compruebas que no tienes que reconstruir. La herramienta que las dos señalan para eso es grabarse en vídeo, porque verte entrenar enseña que siempre la lías en las mismas cosas. Y una observación que explica bastante bien por qué la gente que prueba el rally se queda: la frustración es siempre del guía, nunca del perro, y la comunicación permanente con voz y gestos hace que, en pista, parezca que quieres a tu perro.

Puedes consultar los cuarenta y cinco puntos desarrollados, las tres preguntas rápidas del cierre y las dos ideas finales en el PDF de resumen de la charla.

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