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Cartel de Parada 2 Línea Rally: beneficios del rally, luring, cambios de ritmo y decisiones del juez.

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Resumen

La segunda parada de Línea Rally no fue la charla de reglamento que cabía esperar. Ricardo entregó aparte una guía de consulta rápida de cinco hojas y dedicó su tiempo a lo que esa guía no puede contener: cómo se aplica el reglamento dentro de la pista. De ahí el «aplicado» del título.

Su parte se sostiene sobre una pirámide de decisión de tres pisos. Primero el reglamento, después la unificación de criterio entre jueces y solo al final la subjetividad de quien está mirando; si chocan, manda el de abajo. No existe «el reglamento de Ricardo»: un juez puede ser subjetivo, nunca arbitrario. De ahí sus dos reglas de oro, que se juzga lo que se ve y que la duda beneficia al competidor, pero la duda sobre el hecho y nunca sobre la regla.

Lo práctico llegó en tres bloques. Del prerring al start, la frontera la marca la bienvenida del juez: en cuanto se oye, se acabaron el último premio y el último sentado de repaso. La correa es opcional en Debutante y Grado 1, hay que quitarla en Grado 2 y Grado 3, y siempre se repone al salir. Y entrar sin invitación no descalifica, al contrario de lo que mucha gente cree: se puede reiniciar sin deducciones.

El luring se define por el contacto, no por llevar comida en la mano, y no resta puntos: se come el extra de impresión general, así que se puede sacar un excelente haciendo luring toda la pista. En los cambios de ritmo la palabra clave es velocidad, no dar saltitos ni bracear, y el error caro no es empezar fuera del área —diez puntos— sino no mantener el ritmo entre señales, que puede sumar cuarenta o cincuenta y llevarse la pista entera por delante.

Pero media charla no iba de puntos. Laura se detuvo en algo previo: por qué merece la pena hacer deporte con tu perro, antes incluso de preguntarse cómo puntuar mejor. Su tesis cabe en una frase, que no vale solo con hacer cosas sino que hay que hacerlas bien. Sin bases sólidas aparecen perros desmotivados y frustrados, y el atajo de copiar un ejercicio suelto de un vídeo acaba pagándose más adelante. Por eso defiende un orden que no es el habitual: primero conductas y emociones, después señales. Una señal introducida antes de tiempo genera conflicto y asociaciones que luego cuesta deshacer, de modo que las señales son una consecuencia del trabajo y no su objetivo.

De ahí salieron dos ideas que apuntan bastante más allá de la competición. La primera, que la prueba de sociabilidad debería ser un objetivo de cualquier tutor y no un trámite para competir: el listón es un perro estable y neutro, no un perro simpático, y eso se entrena. La segunda, que el Rally tiene una particularidad que lo separa de otras disciplinas, y es que permite voz y gestos durante toda la prueba. Eso lo convierte en una escala que va de lo lúdico a lo técnico y en la que cada guía decide dónde quedarse. Es perfectamente compatible con el agility y su ventaja es la progresividad, porque un excelente no obliga a subir de grado. En sus palabras, el deporte perfecto para que la gente se enganche a hacer cosas con su perro.

La charla se cerró con el anuncio de Rally Foundations y un avance de la tercera parada: «Rally Foundations por dentro», ángulos de giro, saltos y la señal chivata.

Los treinta y un puntos de la sesión, completos y ordenados, están en el PDF de resumen de la charla.

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